El 4 de enero se celebra el Día Mundial del Braille, una fecha para reconocer la importancia de este sistema de lectura y escritura para personas ciegas o con discapacidad visual. El Braille es mucho más que un alfabeto: es una puerta a la educación, la cultura y la participación plena en la sociedad.
El Braille fue inventado a principios del siglo XIX por Louis Braille, un joven francés que perdió la vista a causa de un accidente. Con apenas quince años, desarrolló un sistema basado en puntos en relieve, que permitía leer y escribir de manera táctil. Su invención revolucionó la educación para personas ciegas, abriéndoles las puertas al aprendizaje y a la vida cultural y profesional.
A lo largo de los años, el Braille se ha difundido por todo el mundo y se ha adoptado en libros, revistas, etiquetas y, más recientemente, en tecnología accesible como lectores electrónicos y aplicaciones táctiles. A pesar de los avances digitales, el Braille sigue siendo esencial para la independencia y autonomía de millones de personas.
El Braille no solo facilita el acceso a la información, sino que también es un símbolo de derechos y dignidad. Gracias a este sistema, las personas con discapacidad visual pueden participar en actividades culturales, educativas y laborales, rompiendo barreras y promoviendo la inclusión social.
Celebrar el Día Mundial del Braille es recordar que la inclusión es un compromiso de todos.
Cada punto en relieve representa un paso hacia una sociedad más justa, accesible y diversa, donde todas las personas pueden aprender, crear y participar plenamente.

