Recibir un diagnóstico de discapacidad de un hijo o hija puede ser uno de los momentos más intensos de la vida. Un impacto lleno de dudas, emociones, incertidumbre. A menudo nadie te prepara. Pero no estás solo/a. Y no todo está escrito.
🧩 El primer impacto
Es normal sentir tristeza, miedo, rabia, incluso culpa. Cada familia vive este proceso a su manera. Lo importante es permitirte sentir sin juzgarte, y buscar acompañamiento emocional. Aceptar no es resignarse. Es empezar a ver con otros ojos.
🤝 No estás solo/a
Existen entidades, profesionales y grupos de familias que pueden acompañarte. Compartir vivencias alivia, orienta y crea red. La discapacidad puede ser un reto, pero nunca debe ser un muro.
📚 Infórmate bien
En las primeras etapas, es fácil caer en el exceso de información y el caos. Busca fuentes fiables, claras y adaptadas a tu caso. La atención temprana, servicios sociales o la escuela serán tus aliados.
⚖️ Tu hijo tiene derechos
Educación inclusiva, apoyos sanitarios, adaptaciones, acceso a actividades… tu hijo/a tiene derecho a participar, aprender y crecer con dignidad. Conoce sus derechos y hazlos valer.
🧠 Desarrollo, no sobreprotección
Es natural querer proteger, pero también es necesario dejar espacio para crecer. Las personas con discapacidad pueden desarrollar habilidades, tomar decisiones y tener un proyecto de vida. El objetivo no es “normalizar”, sino permitir que sean ellas mismas.
🌱 Cada camino es único
No hay un único modelo válido. Cada familia avanza a su ritmo, y cada niño o niña tiene un potencial único. Con amor, información y apoyo, se puede construir una vida plena y valiosa.
✨ “No es el hijo que había imaginado, pero es exactamente el hijo que necesito amar.”