El 24 de enero celebramos el Día Internacional de la Educación, una jornada proclamada por las Naciones Unidas para reconocer el papel esencial que desempeña la educación en el progreso, la paz y el desarrollo de las personas y las sociedades.
La educación es mucho más que un derecho: es una herramienta de libertad e inclusión. A través de ella, las personas pueden desarrollar sus talentos, comprender el mundo que les rodea y participar activamente en la comunidad.
Cuando esta educación es accesible, equitativa e inclusiva, se convierte en una auténtica fuerza de transformación social.
🌱 Educación inclusiva: aprender desde la diversidad
Una educación inclusiva es aquella que reconoce y valora las diferencias, que se adapta a las necesidades de cada persona y ofrece los apoyos necesarios para que todos puedan aprender y avanzar a su ritmo.
Esto implica romper barreras físicas, sociales y actitudinales para que todas las personas —independientemente de su discapacidad, origen o condición— tengan acceso a una formación de calidad.
La educación inclusiva no solo beneficia a las personas con discapacidad, sino que enriquece a toda la comunidad educativa, promoviendo valores como la empatía, la cooperación y el respeto mutuo.
💡 Aprender a lo largo de la vida
El aprendizaje no termina cuando salimos de la escuela. Al contrario: es un proceso continuo que nos acompaña toda la vida.
Formarse, adquirir nuevas habilidades o descubrir nuevas pasiones son maneras de adaptarse a un mundo cambiante y de mantenerse activos y conectados.
En los Centros Especiales de Empleo y otros entornos inclusivos, la formación continua es clave para empoderar a las personas con discapacidad, fortalecer su autonomía y favorecer su inclusión laboral y social.
🌍 Educar es construir futuro
Celebrar el Día Internacional de la Educación es recordar que una sociedad justa y equitativa empieza con una educación para todos y todas.
Una educación que no discrimina, que ofrece oportunidades, que despierta la curiosidad y forma ciudadanos comprometidos con el mundo que los rodea.
Porque educar es, en el fondo, confiar en las personas: en sus capacidades, en su potencial y en su poder para transformar el futuro.

